El blog del archivero
Notas sueltas de mantenimiento del sueño. Esto era un «weblog» antes de que la palabra se gastara: fechas, párrafos, y la sensación de leer el cuaderno de alguien que no sabía que ibas a venir.
Hoy ha tocado expedición fotográfica, versión archivero: tres horas en Wikimedia Commons buscando «empty mall interior». La cantera es increíble — fotos amateur subidas por gente normal, con licencia libre y cero pretensión, que es justo la textura que el género necesita.
Cayeron cinco para la galería: el pasillo del instituto de Lorain (Ohio, cámara digital del 2006, una joya), el andén nocturno de Vuosaari (Helsinki), dos centros comerciales moribundos americanos — incluido el legendario Randall Park Mall, que fue el más grande del mundo y murió despacio — y por fin, POR FIN, el centro comercial nocturno que faltaba: uno finlandés con las persianas a medio echar y un árbol de navidad blanco plantado en mitad del pasillo, solo, en una foto tomada claramente fuera de diciembre. Lo vi y supe que la búsqueda había terminado.
Curiosidad de la jornada: los «dead malls» americanos tienen wiki, documentalistas y peregrinos. Hay gente que viaja a fotografiar centros comerciales agonizantes como quien visita catedrales. Los entiendo perfectamente.
El archivo se ha reconstruido entero desde cero. Otra vez. La versión anterior llegó a tener veintisiete salas y un día, simplemente, había que tirarla y volverla a soñar — quien haya rehecho una web sabe que a veces es más rápido que reformarla, y quien haya tenido un sueño recurrente sabe que los lugares vuelven solos si eran importantes.
Han vuelto: las veinte salas principales primero, y hoy las siete que faltaban — la sala de música, El Canal, los recursos, los iconos, el tablón, el diario de sueños y este blog. Las fotos sobrevivieron a la demolición, que es lo único que importaba: las paredes se rehacen, la colección no.
Anoche en la cena tocó explicar otra vez por qué dedico horas a una web sobre «fotos de pasillos vacíos». La respuesta corta la dejé en sobre el archivo. La larga es esta: internet olvida más rápido que cualquier otro medio que haya existido, y lo que olvida primero es precisamente lo pequeño — las webs personales, las fotos sin autor, las estéticas que no facturan. Archivar lo pequeño es un acto de cabezonería contra eso. Además los pasillos vacíos son objetivamente bonitos y no pienso discutirlo más en horario de cena.